Blog

El Estado de Conservación

08 "Noviembre" 2019

Cuando nos enfrentamos a la delicada tarea de asignar un estado de conservación a una moneda de colección hay que tener en cuenta tantos factores que casi parece un milagro que el que le asigna una conservación a la pieza no se vuelva loco después de haber analizado diez o doce ejemplares.

Si pienso en los elementos que hay que tener en cuenta a la hora de fijar la conservación de una moneda para plasmarla en el catálogo de una subasta, en una publicación, en una tasación, etc. Se me ocurren estos aspectos:

1  Estado general de la pieza. Lo que algunos dirían el primer golpe de vista.

2  Fallos producidos durante su fabricación: (Desplazamientos, cuño sucio, hojas, rebabas, golpeo con otras piezas, rayas de ajuste del peso, aleación mal ligada, reversos incusos, cantos mal acuñados, reversos girados, cospel escaso, falta de presión, metal “agrio”, fallos del grabador, doble acuñación, etc.)

3  Señales de uso y circulación: (Suciedad agresiva, oxidaciones, agujeros, rayas, plata cristalizada, diferentes pátinas y/o tonalidades, golpes en el campo, golpes en el canto, desgaste, pieza usada como joya, con o sin soldadura, limpiezas desafortunadas, “grafitis”, calor extremo, cercenamiento, limaduras, determinados continentes, humedad ambiental, etc.).

4  Conservación relativa. No podemos tratar de igual manera a una moneda hispano árabe de nuestros reinos de taifas que a una moneda de 2 Ecus de Felipe VI.

Si después de haber analizado tantos factores llegamos a la conclusión de que nuestra moneda es un EBC-, pero escuchamos otra opinión que nos dice que es MBC+, no debemos desanimarnos por ello, al final el concepto de la conservación no deja de ser un tanto subjetivo.